miércoles, 29 de septiembre de 2010

VUELVEN LAS HUESTES DE DON CARLOS

Vestido de sudor y de amarillo,
saciado de emoción y pundonor,
blandí mis artes con fervor
y casi me rompen un tobillo.

Salí del tragin, y de tal guisa,
cual tullido del medievo, renqueante.
Sin poder correr ni para atrás ni hacia delante
y de tan cojo provocaba risa.

Mas las huestes pidieron mi presencia
y, presto, entré a dirimir el lance.
Interpreté con honor mi partitura

defendíendo el bastión con diligencia.
No pudimos al final salir del trance
y perdimos, otra vez, la compostura.


Paco set2010